ARTISTAS DETRÁS DEL ARTISTA


Un encuentro fortuito con el arte se convirtió en el punto de inflexión en sus vidas, y desde ese momento estos hombres se transformaron silenciosamente en las manos que ayudan  a materializar hasta las ideas más complejas de los artistas. A continuación presentamos a cinco trabajadores del arte que no cambian su oficio por nada.

Publicado por revista VAMOS /Octubre 2008

Entrar en la mente de un artista y comprender a cabalidad qué quiere expresar en su próxima obra, no debe ser sencillo. Pero los hombres consultados en esta nota, asistentes de artistas de diversa índole, aseguran que con tiempo, paciencia y mucha observación, han conseguido captar hasta las ideas más extravagantes para ayudar a hacerlas realidad.

Estos trabajadores del arte muestran día a día que al igual que un artista, pero con criterios mucho más prácticos, ellos también ponen toda su pasión y compromiso en la ejecución de una obra, y destacan que tienen sobre sus espaldas una gran responsabilidad al estar detrás del nombre de grandes artistas como son Ejti Stih, Juan Bustillos o Raquel Schwartz.

El oficio del arte

Heberto Burgos trabajaba en el rubro de la hotelería cuando se cruzó por su camino la oportunidad de dedicarse al arte junto a la plástica Ejti Stih, con quien aprendió todo lo que sabe sobre exposiciones, lienzos y pinceles desde la silla de ayudante.

“Trabajar con arte y cultura es hermoso, pero se necesita mucha paciencia”, comenta Heberto  mostrando unas cajas de madera pintadas en colores vivos que debe concluir pronto, y cuenta que cuando empezó hace tres años no sabía nada sobre arte. “Éste es un trabajo que no se termina de aprender, porque siempre se tiene algo nuevo que presentar”, agrega.

Su labor consiste en colaborar a Stih en lo que necesite, tanto en la ejecución de sus obras como en el trabajo del espacio de arte Manzana Uno, del que ella es promotora. Su labor pasa por el armado de la estructura en la que se presentará la obra, el tesado del lienzo y pintado de la primera base, hasta la instalación misma de la exposición, además de todo tipo de diligencias.

Cuando se le pregunta si él ha puesto en práctica lo aprendido en este tiempo, Heberto habla de manejar algunas técnicas de pintura como el texturado o algunas combinaciones, pero aclara que no se anima a hacer algo sin la supervisión de Stih. “Todavía me falta mucho por aprender”, sostiene.

Por su parte, Darwin Ibáñez y José García llegaron a trabajar en el taller Búho Blanco del conocido escultor Juan Bustillos sin haber tenido alguna vez un cincel en las manos. Estos jóvenes de 24 y 22 años respectivamente, aseguran que el trabajo que realizan allí es apasionante y requiere de mucha paciencia, responsabilidad y compromiso.

“Trabajé como albañil en la construcción de la casa de Juan y al terminar pensé que me quedaría sin trabajo, pero él me dijo que me quede ayudando en su taller. Cuando empecé no conocía nada de arte ni de escultura, no sabía utilizar un cincel ni la motosierra”, rememora Darwin, que ya lleva nueve años a lado de Bustillos. Con él aprendió a trabajar en madera, chatarra, bronce y piedra, y a utilizar herramientas como la amoladora, las gubias y los cinceles.

José, en comparación, es nuevo. Empezó hace casi tres años, primero ayudando en la limpieza del taller, para luego familiarizarse en el manejo de los instrumentos y materiales infaltables en las manos de un escultor. “Es un sueño hacer esto, me gusta. Y como Juan es paciente en la enseñanza, estoy aprendiendo mucho”, comenta, y explica que las características que siempre deben estar presentes en su trabajo son la precisión, la calidad y los detalles.

Ambos jóvenes destacan que en el taller de Juan Bustillos prima el trabajo en equipo y la amistad. “Aquí no hay esa relación ‘patrón – trabajador’, porque somos amigos, y cuando hay que hacer una obra, somos obreros los tres”, señala Darwin.

Diversas miradas

“Como su nombre lo indica, mi trabajo consiste en asistir al artista, colaborarle en todo lo que necesite para materializar su idea”, indica Julio Vargas, asistente de la galería de arte contemporáneo Kiosko, que está bajo la dirección de la artista Raquel Schwartz.

Allí Julio ayuda en la instalación de las diversas exposiciones que se presentan mes a mes, con lo que su trabajo se ve diversificado por la variedad de propuestas que presentan los artistas que exponen, y sobre todo con los que llegan a la ‘residencia’, un programa de intercambio de artistas del interior y exterior del país que permite compartir experiencias en Santa Cruz.

“Los ayudantes normalmente tenemos un área de desempeño según el artista con quien trabajamos, pero con Kiosko y la residencia ya estoy perdido”, señala cuando se le pregunta sobre su especialidad, y explica que esa diversificación de visiones con las que se encontró a lo largo de los 12 años que lleva dedicándose a esta labor (empezó en1996, en el taller de cerámica que tenían las artistas Raquel Schwartz y Vivian Salinas), le han dado la oportunidad de comprender cada vez mejor la idea central que un artista quiere mostrar en su obra. La observación ha sido la clave para lograrlo. “Cada artista tiene diferente modo de pensar el arte, y aunque a veces es complicado entender el concepto de una obra, con la práctica ya uno sabe a dónde se debe llegar”, explica.

¿Se puede cambiar una idea en el camino? Sí, muchas veces debe cambiarse, explica Julio, sobre todo cuando se advierte que se trata de un tema complicado o de difícil desarrollo. “Influye mucho el material con el que se quiere trabajar y el cómo utilizarlo, porque los artistas trabajan con todo tipo de materiales, incluso reciclan y hasta trabajan con basura… uno piensa que es basura pero ellos le dan el toque artístico”, comenta nuestro entrevistado, que muchas veces tuvo que sugerir diferentes opciones de procedimientos para una misma obra, según la practicidad requerida y el factor económico.

Y si se habla de exigencias, Julio sabe que los artistas siempre quieren que su trabajo sea lo mejor aunque no son perfeccionistas. “No son perfeccionistas porque el arte no es perfecto, pero sí algunos se fijan mucho en los detalles… si te dicen que algo tiene que ser de tres milímetros, tiene que ser de tres milímetros, ni uno más”.

“Soy la espátula del artista”

Rodolfo Minaya es probablemente uno de los asistentes más conocidos en este rubro. Con 23 años detrás del escenario del arte, la experiencia que ha reunido trabajando con artistas de todo el país le ha dado la posibilidad de independizarse y estar actualmente en pleno proceso de consolidación de su pequeña empresa llamada ‘Rodo Producciones’, un taller pensado para brindar al artista los espacios y las herramientas necesarias para desarrollar sus obras.

Al hablar de su trabajo lo primero que hace ‘el Rodo’, como se lo conoce en el medio, es enumerar los eventos en los que ha colaborado: “bienales de arte nacionales, dos Kilómetros 0, bienal de Huari, Conarte en Cochabamba, Expo Cumbre, Obra Gruesa en Chile, bienal de Lima…”.

Luego lanza una segunda lista que incluye nombres de los artistas con los que ha trabajado y de los que ha aprendido todo lo que sabe: Armando Urioste, Pedro Querejazu, Roberto Valcarcel, Keiko González, Raquel Schwartz, Gastón Ugalde, Ejti Stih, Vivian Salinas, Tatiana Fernández, entre muchos otros.

Por último Minaya pone sobre el tapete una tercera lista que resume sus áreas de experiencia, aunque aclara que no hay nada que no pueda hacerse: fotografía, serigrafía, grabado, cerámica, escultura, pintura, instalaciones.

Con tal currículum, no se puede dejar de preguntar sobre si tiene pensada una producción propia. “La verdad, ganas no me faltan, ideas también hay, lo que me frena es el tiempo y la responsabilidad de que tengo un grupo de personas a mi cargo. Hacer plata es importante, pero si me dedico al arte quizá no tenga ese respaldo económico. Pero esa es la meta, ya llegará el momento”, dice.

Rodolfo Minaya, al igual que el resto de los asistentes consultados, dice que su experiencia se base sobre todo en la observación. “Me han entrenado muy bien, el observar ha sido un factor clave. Y con cada artista he aprendido algo muy importante: por ejemplo, Armando Urioste en la fotografía y Pedro Querejazu en restauración, son personas minuciosas y exigentes en su trabajo; Keiko González es muy dinámico. Ellos me transmitieron todo eso”, señala, seguro de que cuando él necesite apoyo, tendrá el hombro de todos los artistas que conoce.

OPINIONES

Ejti Stih

“Heberto es un hombre muy inteligente que aprende rapidísimo, y ya tiene su opinión formada. En la Manzana Uno también nos ayuda con las exposiciones. Ya es todo un profesional en el gremio. Somos un equipo que funciona muy bien, lo que no se logra con cualquiera”.

Juan Bustillos

“Darwin y José trabajan conmigo porque son gente valiosa. Han aprendido bastante y cada uno sabe su trabajo. Ellos tienen habilidad manual, que es muy importante, y la suficiente inteligencia para asumir este trabajo”.

Raquel Schwartz

“Considero que Julio es un artista que además de ser hábil con las manos tiene mucho criterio. La experiencia de tanto tiempo le ha dado una mirada crítica y correcta, que muchos artistas no tienen. Él sabe cuándo una obra está bien montada o no, y cuándo una obra es buena”.

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de Paola Iporre Kalteis Publicado en reportaje

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