MUSEO DE MÁSCARAS – Un encuentro con los rostros legendarios de Bolivia


 

No se puede entender a un pueblo sin conocer sus expresiones culturales más profundas, aquellas que han sobrevivido a través de los años y han desfilado de generación en generación convirtiéndose en la esencia misma de la memoria colectiva. Por ello, le invitamos a disfrutar de una parte de esa esencia que nuestro país emana desde cada uno de sus rincones a través de un paseo por las salas de Máscaras del Museo Nacional de Etnografía y Folclore (Musef), donde los rostros representativos de fiestas autóctonas, manifestaciones religiosas y ritos funerarios expresan las costumbres legendarias de este país de mil facetas.

Publicado por revista MI TIERRA / Octubre 2007

Las distintas máscaras o caretas que materializan o ‘conectan’ al boliviano de cada región, desde sus puntos de vista tan particulares, con el mundo divino de los dioses, los antepasados y lo maravillosamente natural, se encuentran en exhibición permanente en las salas del Musef –institución pública dependiente de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia- ubicadas en las ciudades de La Paz (central) y Sucre (regional).

En la primera, la exposición recibe el nombre de Máscaras, los diversos rostros del alma colectiva, mientras que en la segunda se denomina Máscaras, memoria y diversidad. Ambas muestras se crearon con la intención de ser espacios interculturales en los que la representación material ayude al desarrollo de lo inmaterial o intangible, es decir a la permanencia de esas manifestaciones humanas que hacen realidad la magia de lo sobrenatural a través de rituales, danzas y ceremonias.

 

Máscaras, memoria y diversidad

En Sucre un total de 55 caretas expresivas reviven historias fantásticas desde 2004, cuando la primera versión de esta presentación se inauguró con el fin de mostrar el quehacer cultural de Bolivia desde su perfil más pintoresco.

Gustavo Aguilar, coordinador regional del Musef, cuenta que esta muestra se logró después de un intenso trabajo de investigación y rescate llevado a cabo por el equipo multidisciplinario del museo. “Además, muchas máscaras se reunieron gracias a las colecciones donadas por algunas personalidades del medio, como por ejemplo la que entregó Hugo Daniel Ruíz, el primer director del Museo. Otras, en cambio, se consiguieron de la manufactura popular”, señaló.

La sala Máscaras, memoria y diversidad del Musef – regional Sucre, sorprende al visitante con una instalación excepcional, donde la oscuridad permite que cada pieza cobre protagonismo independiente gracias a las luces direccionales que recaen sobre cada una de ellas, creando cierta interactividad entre el visitante y las máscaras que parecen flotar al ritmo de la música nacional que allí se escucha.

“La muestra se encuentra dividida en cuatro ambientes temáticos: Tierras Altas, Tierras Bajas, Personajes Individuales y Simbantes, y el Ambiente Urbano y Rural”, señala Aguilar, en una breve explicación de lo que el asistente podrá observar en esta exposición de variados significados.

En el área denominada Tierras Altas, las caretas de la zona altiplánica de Bolivia reviven costumbres y creencias de la memoria popular con interesantes detalles folclóricos; las máscaras del Caporal, el Chunchu y el Pakhochi, por ejemplo, se lucen asombrosas en este ambiente. Mientras que en el cuarto Tierras Bajas se encuentran inmortalizados los personajes de esta zona del país, sobre todo del Chaco; los Añas conforman una serie de piezas que ocupa un lugar preponderante, pues representan a los espíritus de los antepasados que celebraban la abundancia de las cosechas del maíz.

La sala de Personajes Individuales y Simbantes se refiere a los personajes que no tienen una danza en particular, y en cambio acompañan a otros grupos en sus bailes o rituales. Se caracterizan por ser muy pintorescos y cómicos, entre ellos se destacan el Pepino, el Jukumari y el Kusillo.

En el Ambiente Urbano y Rural, en cambio, tienen cabida algunos personajes que de su inicial origen rural se han reinventado en las danzas urbanas, con características rituales y festivas de gran vigencia. En esta categoría se encuentran el Diablo, el Abuelo y el Danzanti.

Máscaras, los diversos rostros del alma colectiva

 

Desde mayo de este año también se puede saborear este tesoro cultural en la segunda versión de la muestra inaugurada en la central del Museo Nacional de Etnografía y Folclore, en la ciudad de La Paz. La exposición que allí se observa, referidas principalmente a máscaras funerarias y de carácter ritual, reúne piezas de todo el país pertenecientes a las costumbres legendarias que se reviven cada año en las regiones de los Andes, la Amazonía, la Chiquitanía y el Chaco boliviano.

Milton Eizaguirre, jefe de extensión y difusión cultural del Musef, indica que ésta es una muestra bastante completa que se ha logrado gracias a un arduo trabajo de investigación y rescate, que pone en evidencia la calidad del carácter multicultural de Bolivia. “Lo interesante es que además de contar con las máscaras más populares del país, también tenemos piezas que no son nada conocidas, como las del Achu, el Japutuki y el Ichinisiri, entre otras”, señala.

Asimismo, explica que la importancia de la tradición del uso de máscaras tiene un origen que se remonta al período prehispánico que se fusiona con las costumbres coloniales introducidas por España, dando como resultado un enmarañado conjunto de características particulares para cada región. Así, a medida que el visitante avanza entre los pares de ojos saltones dispuestos a lo largo de cada sala del Musef, puede reconocer en las caretas las semejanzas y las similitudes existentes entre un grupo cultural y otro, logrando maravillarse frente al legado con el que contamos los bolivianos.

Como antecedente del período prehispánico, la exhibición denominada Máscaras, los diversos rostros del alma colectiva se inicia con la presentación de una máscara mortuoria del año 200 a.C. perteneciente a la cultura Nasca, y se complementa con fotografías de la cultura de Tiawanaku (500 al 1200 d.C.) del departamento de La Paz y del arte rupestre encontrado en la localidad de Samaipata (provincia Florida, en el departamento de Santa Cruz), cuya cronología aún se desconoce.

Eizaguirre cuenta que esta colección de máscaras se ampliará en breve gracias a la llegada reciente de un lote de caretas pertenecientes a Santo Corazón (provincia Guarayos, departamento de Santa Cruz).

UN PERFIL ALEGÓRICO DE BOLIVIA

  • Aña

Representa a los antepasados, padres o hermanos. La danza de los Aña se interpreta para el Arete (carnaval) o para celebrar la abundancia de las cosechas de maíz; es un ritual propiciatorio a favor de la naturaleza. Se dice que los espíritus de los antepasados se ‘materializan’ cuando el artesano está elaborando la máscara, entonces éste debe ser hábil y atraparlo para que se posesione de la careta. Se origina en la región Guaraní, de Santa Cruz, Chuquisaca y Tarija.

  • Danzanti

Representa al personaje principal de una danza ritualizada para la cosecha. El danzanti era una persona fuerte física y moralmente, que antes de la fiesta era alimentado con manjares y bebidas a toda hora, para finalmente bailar tres días seguidos (día y noche sin descansar) hasta la muerte. Este sacrificio servía para que la comunidad esté a salvo de plagas y sequías. Esta es una danza de la región altiplánica del departamento de La Paz. La máscara puede pesar hasta 5 kilos.

  • Ichinisiri

Se denomina ‘cara de tigre’ (ichini) pero representa al búho, uno de los animales a los que rendían culto los antiguos Moxos. Denominados también sipasiñeque por las plumas de ñandú (piyu) que llevan en la cintura. Estos danzarines participan en varias parejas para la fiesta patronal de San Ignacio de Moxos (Beni) cada 31 de julio.

  • Achachila

Personaje central en los rituales agrícolas de la región andina. El Achachila o Achachi, entendido como abuelo, es un ser mítico que representa a los antepasados y se convierte en divinidad; representaría a un pasado mítico emparentado con una familia nuclear basada en el ayllu. Esta figura ancestral se origina en el altiplano central en tiempos prehispánicos. Actualmente es usada en algunas provincias del departamento de La Paz.

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de Paola Iporre Kalteis Publicado en reportaje

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