EN EL TALLER DE SERGIO


Cuando Sergio Antelo se enteró que se le haría esta nota, trató de evitarla a toda costa; dice que es tímido. Pero llegué a un trato con él: no lo entrevistaría bajo la fórmula ‘pregunta-respuesta’, sólo lo visitaría en su taller

Publicado por revista BONITA – Sector ‘I love arte’ / Septiembre 2010

Lo encontré con rodillo en mano pintando de blanco un lienzo de 4 metros de ancho por 1,40 de alto, siguiendo fielmente esa característica suya de trabajar en grandes dimensiones. Me contó que allí haría unos caballos.

Luego tomó otro lienzo y derramó sobre él pintura amarilla, a la que le dio forma con dedos y pinceles de distintos calibres y le salpicó chorros de agua sin discreción. Dijo que se siente “oxidado”, pues no pinta desde hace cuatro años, cuando junto con otros artistas abrió la empresa Simple Estudios, donde trabaja actualmente. “Antes pintaba harto, seguido, porque era para pagarme la universidad”, señala, y entre sonrisas explica que sus principales compradoras eran las amigas de su madre. “El primer cuadro que pinté profesionalmente fue el que presenté en la Bienal”, dice, refiriéndose a la del 2000, cuando ganó una mención.

Tomó un tercer lienzo y dibujó en él la cabeza de un caballo, ojos, dientes, hocico, orejas. Le dio un par de pinceladas y dijo: “No, va a ser una mujer”, y en un segundo el bosquejo tomó forma femenina, desnuda, con los pechos firmes y desproporcionados y las piernas robustas; también había dicho que sería un cuadro en blanco y negro, pero de pronto tomó pintura azul y la esparció por doquier. Enseguida entendí que los caballos prometidos para el primer cuadro quizá nunca cobrarán forma, y que probablemente lo que él haría allí, ante mis ojos, no sería más que una práctica a modo de desoxidarse… supongo que esos cuadros quizá no tengan presencia en su próxima exposición (la primera después de años de ausencia en las galerías), a realizarse en octubre en Kiosko. “Tengo que hacer unos treinta cuadros por lo menos para que se expongan siete”, dijo mientras remarcaba las formas de su mujer, nada armónica.

“Un cuadro tiene que tener tensión, porque si no, no transmite nada”, me explicó de la nada, posiblemente porque notó mi desconcierto ante sus trazos. A medida que sus manos y ropa se iban pringando, su timidez anunciada al principio quedó a un lado y las explicaciones surgieron con cada pincelazo, pero en vez de atinar a sacar la grabadora para tener registradas sus palabras, me quedé absorta observándolo: el proceso de creación de sus obras resultó igual o más asombroso que las obras finales (que por cierto se venden como pan caliente).

Perfil

Estudió arquitectura, arte y comunicación visual en universidades de Bolivia, Escocia y Reino Unido. Exposiciones individuales y colectivas en galerías de Bolivia y el extranjero, como Prince´s Foundation e Instituto Cervantes de Londres (Inglaterra), Arte Milano de Pernambuco (Brasil) y El Arcángel Kulturzentrum de Viena (Austria). Recibió el Premio Joven de la Paz (2002), el 1er premio de la Bienal de Artes Plásticas de Santa Cruz en 2002 y 2004 y selección oficial SIART en 2003.

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de Paola Iporre Kalteis Publicado en Crónicas

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