¿SOÑAR O ACTUAR?


 Amamos Santa Cruz y le deseamos lo mejor. La queremos grande, bonita, moderna, limpia, segura, transitable; amamos nuestra ciudad, no hay dudas. Pero ¿se lo demostramos?

Publicado por revista VAMOS / Abril 2010


Al cruzar una avenida con el jesús en la boca, al sentir que se nos eriza la piel sólo de pensar que ya nos toca renovar carnet, al apretar el paso si caemos en una calle desierta o al aferrarnos a nuestras pertenencias cuando pasamos por algún conglomerado de gente… nos damos cuenta que nuestra tan querida y piropeada Santa Cruz no es sino todo lo contrario al paraíso donde todos queremos (y creemos) vivir.

Tráfico caótico, corrupción, inseguridad, suciedad, la lista es larga.

Y ahora que empezamos el mes con promesas de cambios y mejoras por parte de las autoridades que asumirán la nueva gestión administrativa de Santa Cruz, no hacemos otra cosa que soñar con que todo cambiará, con que tales promesas se vuelvan realidad.

Por supuesto las tareas que tienen estos nuevos administradores son muchas, y sin dudarlo difíciles; lo malo es que probablemente no puedan cumplir ni con la mitad de lo prometido (por ineficiencia, por falta de organización, por intereses propios, por falta de visión o por lo que sea). No sería nada nuevo, ninguna sorpresa… ¿Qué haremos nosotros los ciudadanos entonces?, ¿llorar nuestra desilusión?, ¿patalear por la impotencia?, ¿salir a las calles y reclamar a gritos?, o quizá, simplemente, nada, aceptar que las cosas son así.

HABLEMOS DE CIUDADANÍA

Mirémonos en un espejo como ciudadanos ¿qué vemos? ¿Será que somos los ciudadanos modelos que Santa Cruz se merece?

El diccionario de la Real Academia de la Lengua define ‘ciudadanía’ como el conjunto de ciudadanos de un pueblo o una nación; la cualidad y el derecho del ciudadano; y el comportamiento propio de un buen ciudadano. Entonces, ser ciudadano ¿qué implica?

La primera definición nos dice que como conjunto de ciudadanos, perdemos nuestra individualidad y nos convertimos en masa. Debe ser por eso que cuando nos encontramos en medio de un tráfico insufrible producto de la mala organización vial y el pésimo servicio de transporte público, nos sumamos a la ira colectiva y lanzamos todo tipo de improperios a la vez que le subimos el volumen a las bocinas, dejando a un lado nuestra individualidad tolerante y educada.

La segunda definición nos otorga la potestad de levantar el dedo acusador y buscar culpables cuando las cosas no andan bien, así que lo hacemos: la culpa de todo la tienen las autoridades que no cumplen con sus funciones.

Y la tercera, sencillamente, sólo nos plantea interrogantes: ¿soy un buen ciudadano?, ¿cuál es el comportamiento de un buen ciudadano?, ¿cómo se logra ser un buen ciudadano?, ¿quién es el responsable para que todos nos convirtamos en buenos ciudadanos?

Quisimos dar respuestas a estas preguntas y salimos a las calles a buscarlas con espejo en mano (unas encuestas), para que nuestros consultados, todos lectores de VAMOS, puedan decirnos lo que ven en el reflejo… los resultados mostraron que efectivamente los cruceños (ojo que nos referimos por igual a los nacidos en esta ciudad y a los que viven en ella) no tenemos los hábitos que debe tener un buen ciudadano.

Como ejemplo, el 56% de los consultados aceptó que alguna vez le dijo a alguien ‘colla e mierda’ y el 42% también insultó con un ‘camba e mierda’; paradójicamente el 89% aseguró que no es racista. El 62% de las personas que contestaron nuestra encuesta confesó haber consumido bebidas alcohólicas en las calles a pesar de las normativas que lo prohíben, y un porcentaje sólo un poco menor dijo no haber querido recibir factura para así pagar menos. El 50% fue sincero y contó que alguna vez se pasó el semáforo en rojo, y otro tanto contestó que insultó al conductor de a lado o estacionó donde no debía. Finalmente, más del 70% dejó claro que considera la falta de educación ciudadana como el mayor problema de nuestra ciudad. (Para conocer los resultados completos, ver los datos en las páginas siguientes).

Entonces lo tenemos claro, no somos buenos ciudadanos, por lo menos en base a las opiniones de nuestros lectores. ¿Qué podemos hacer al respecto?

“Cuando hablamos de ciudadanía no nos referimos a un bollo de personas nomás. La ciudadanía es gente que hace uso de la ciudad -que no es lo mismo que hacer abuso-, para lo que primeramente ha desarrollado amor y cariño por ella… eso que está tanto en nuestros más antiguos versos (el cruceño es tolerante, hospitalario, etc.)”, dice José Antonio Prado, del Centro de Estudios para el Desarrollo Urbano y Regional, Cedure, como introducción al tema de la ciudadanía, o en todo caso a la educación ciudadana, tan necesaria para que todos los habitantes de esta ciudad convivamos en armonía y respetándonos unos a otros.

En nuestra búsqueda de repuestas también nos reunimos, alrededor de una mesa redonda, con ciudadanos comunes y corrientes elegidos casi al azar, para conversar sobre estos puntos y entender un poco lo que ocurre a nuestro alrededor. De esta deliberación de ideas rescatamos las palabras de Fernando Figueroa, un sociólogo de 32 años, que dice que en Santa Cruz las normas son muy débiles o no existen, no porque no estén escritas, sino porque no las conocemos. “Cómo quieres que yo ejerza mis derechos y mis obligaciones, si no los sé, si sólo están en un papel… Lo que pasa es que no nos enseñan algo tan fundamental como ser ciudadano”, indica.

Según sus palabras, Santa Cruz es una ciudad de 40 ó 50 años que se planifica hace 30, pero que tal planificación ha sido incoherente con la realidad ya que el crecimiento demográfico sufrido sobrepasó las proyecciones estimadas debido a la migración. “Santa Cruz  se planificó considerando que hasta el año 2000 iba a tener 300.000 habitantes, no el millón y cuatrocientos mil que tiene ahora”, dice.

Entonces se entiende que la convivencia entre ciudadanos de pronto se haya visto violentada, dejando a la vista la incapacidad de configurar una estructura y una conciencia urbana acorde con la realidad que vivimos. Al respecto, Fernando Prado, arquitecto urbanista y director del Cedure, nos comenta: “Nuestra cultura individualista y de pueblo no se ha podido adecuar a las necesidades de una gran ciudad. Entonces estamos sufriendo las consecuencias de nuestro propio comportamiento y las del aparato administrativo, que tampoco está en condiciones de controlar los hechos”.

Probablemente un primer paso para lograr una ciudadanía educada, sea el comprender que en Santa Cruz no existe una única cultura ciudadana, en el sentido de que aquí concurren diferentes cosmovisiones. El ingeniero civil Stefano Coutand (30), reflexiona sobre esto: “Es que si hablamos de educación ciudadana, de lo que es aprender a ser ciudadano, primero tenemos que tener una base. Pero lo que pasa en Santa Cruz, creo, es que esa base está totalmente tergiversada o, en todo caso, hay dos o tres bases completamente independientes una de otra. No compartimos la misma idea de lo que es ser un buen ciudadano. Hay que aceptar que la población utiliza la ciudad de diferentes maneras: hay quienes la utilizan para hacer negocio, que utilizan las veredas para poner su taller o vender su comercio, o quienes utilizan las calles para asaltar (que al final para ellos resulta un negocio)”.

“El espacio urbano finalmente no llega a cuajar como tal, no es un espacio donde todas las personas podemos interactuamos de forma relativamente sana y amistosa, sino que resulta un mero instrumento de extracción de riqueza: desde el pequeño ambulante que vende panchitos o fridositas en cada esquina, o incluso en media calle, hasta aquel gran empresario que lo único que le interesa es invertir para conseguir un rédito”, agrega Santiago Terceros, un joven de 27 años formado en ciencias políticas y sociología. “El punto es encontrar el ‘cómo’ de que la visión meramente utilitaria que tiene la mayoría de la población sobre la ciudad, se compagine con una visión más ética y estética, para tener una ciudad linda y agradable, y donde a la vez nos respetemos unos a otros”, señala.

¿Se está trabajando para encontrar ese punto de convergencia tan necesario?, ¿qué están haciendo nuestros gobernadores al respecto?, ¿existe un plan de educación ciudadana que tome en cuenta las diferentes visiones de la gente y las necesidades de convivencia pacífica?

“En Santa Cruz está haciendo falta integración y trabajo de las autoridades con la gente, porque siguen haciéndose obras con un fuerte tono paternalista. Está faltando que la alcaldía sea gobierno, y no sólo una ejecutora de obras públicas, y que sea gobierno con la gente, porque la gente no se siente parte del desarrollo de la ciudad”, dice Fernando Prado, como una firme crítica a la permanente construcción física de la ciudad que deja a un lado el factor social y por lo tanto el concurso de la ciudanía.

INFRAESTRUCTURA VS. CIUDADANÍA

“Yo podría resumir mi expectativa, mi sueño, en que la Santa Cruz del siglo XXI debería ser una ciudad de personas y no de vehículos”, dice José Antonio Prado cuando se le pregunta cuál es la Santa Cruz de sus sueños. “Si seguimos en el tren de abrir cada vez más espacio a los vehículos para que las personas que manejan puedan llegar más rápido y más lejos, y por lo tanto cerrándole cada vez más el paso a los peatones, a los niños, a los ancianos, a los minusválidos, a los seres humanos en general, entonces estamos mal”, comenta, y añade: “Se tendría que empezar soñando con que el alcalde y sus principales oficiales se abran a lo que los ciudadanos opinan. Si hubiera interés por parte de los funcionarios por saber lo que piensa la ciudadanía, el paso siguiente sería redefinir las prioridades”.

Ese cambio de prioridades del que nos habla debería consistir en ya no destinar el mayor porcentaje del presupuesto anual al pavimento, sino a campañas permanentes y sostenidas de educación ciudadana. “Solamente dentro del segundo anillo se pinta las rayitas de las avenidas, se repinta, se resella, se vuelve a pintar, se cambia los semáforos… pero todo dentro del segundo anillo, donde viven aproximadamente 65.000 personas nada más. Afuera del cuarto anillo vive millón y medio, pero ahí no se pone ni un letrero”, señala, dejando claro que de nada sirve, o incluso es peor, si se dota de infraestructura pero no se educa a la ciudadanía sobre cómo dar buen uso al espacio público. “No se nace sabiendo vivir en una ciudad. No podemos pretender que una persona que llega de provincia sepa de la noche a la mañana cómo cruzar una avenida de alto tráfico o que se dé cuenta del perjuicio que ocasiona al parar un micro en medio de la calle. ¿Acaso no es seguridad ciudadana también poder cruzar una avenida sin arriesgar la vida?”, reflexiona.

El debate sobre este tema es largo, minucioso y preocupante, sobre todo cuando llega el momento en el que te das cuenta que la convivencia amigable que se necesita con tanta urgencia en Santa Cruz, depende tanto del gobierno como del ciudadano, de la relación armoniosa de ambos, de la entrega incondicional de ambos, pero que ninguno  de los dos está haciendo lo suficiente por demostrar, con la mano en el corazón, cuánto quiere a esta ‘bella’ ciudad que nos cobija. Mientras las autoridades no reflexionen y actúen de cara a este tema tan importante, nosotros, queridos lectores, tenemos la tarea de pensar, soñar y actuar como ‘buenos ciudadanos’, ¡hagámoslo!

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de Paola Iporre Kalteis Publicado en General

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