UNA CHARLA Y UN CAFÉ


Citarse en un Café con los amigos para intercambiar opiniones sobre temas diversos o simplemente para contarse las novedades de la vida, o incluso para hacer negocios con los colegas, es un fenómeno mundial y una tradición casi invariable que se remonta muchos siglos atrás, y que seguramente usted ha seguido fielmente sin ni siquiera darse cuenta. Estos lugares de reunión y confraternización, donde las más variadas conversaciones se destilan a la excusa de un buen café, tienen una historia tan vieja como la del café mismo. ¿Se le antoja retroceder en el tiempo por un momento y conocer los orígenes y las peregrinaciones de la bebida que seguramente más de una vez le acompañó en sus tertulias? Le invitamos entonces a nuestra mesa para saborear una breve reseña.

Publicado por revista MI TIERRA

agosto 2007


Las travesías del café

Algunas cronologías inician su relato en el año 500 antes de Cristo, cuando tribus africanas consumían el fruto fermentado del café en forma de vino. En el año 900, los mercaderes árabes introducen esta semilla en Yemen para consumirla hervida, empezando así la aceptación del vino resultante en el continente asiático e imponiéndose poco a poco en la mayoría de las ciudades del Islam (Sana, La Meca, Medina, Damasco, Bagdad, Teherán, Beirut, Alepo, Constantinopla, El Cairo, Argel, etc.). De manera que a finales del siglo XVI este hábito ya se había enraizado en todo el mundo musulmán, a pesar de las repetidas ocasiones en que la bebida había sido prohibida por sus efectos nocivos a las buenas costumbres (se decía que embriagaba el espíritu).

El primer establecimiento destinado específicamente a servir café se instaló en Constantinopla (actualmente Estambul, Turquía), en 1554. Allí se reunían poetas, cadis y altos dignatarios del Imperio Turco para discutir asuntos políticos y culturales mientras consumían la exótica bebida reservada únicamente para el deleite de los hombres, pues no se aceptaba la presencia femenina en aquel lugar.

Si bien los xiosk (kioscos), como llamaban los turcos a estos lugares, proliferaron de manera asombrosa, no fue sino hasta cien años más tarde que el café llegó a Europa, y recién a inicios del siglo XVII el sabor de este brebaje mágico se empezó a apoderar de los paladares europeos.

¿Cuál fue la razón para aquel quiebre tan prolongado? Las virtudes de la bebida fueron difundidas por los peregrinos musulmanes por todas las regiones, pero no así la planta, que se guardaba celosamente en su lugar de origen. Para mantener el control monopólico sobre su comercio (altamente rentable), los comerciantes árabes sólo vendían los granos verdes hervidos o tostados y así evitaban que pudieran germinar y convertirse en plantas productivas fuera de Arabia. Este monopolio se rompió por la acción de algunos musulmanes contrabandistas.

Atravesando fronteras

Una vez conocido el aroma del café en Europa, los establecimientos destinados al expendio de la bebida no se hicieron esperar. Pronto se abrieron en todos los rincones del viejo mundo.

En Inglaterra, la primera ‘coffehouse’ se instaló en 1637, en Oxford; y unos años más tarde, en 1648, se construyó con mucho éxito el café londinense denominado Lloyd. Desde entonces las casas del café proliferaron a gran escala en Europa: Italia (1647), Francia (1671), Alemania (1679), Austria (1693) y posteriormente España (después de 1750), congregaron en sus mesas a cientos de intelectuales, poetas, políticos, escritores y artistas de toda índole que, entre muchas otras novedades, comentaban con gran asombro el ascenso de la población en el Nuevo Mundo, siendo la minera Potosí la más poblada de las ciudades.

Por su parte, en América se probó el café a partir de 1690: Boston fue la primera ciudad que disfrutó de su aroma y su sabor. En 1724, en época del vigésimo octavo Virrey del Perú, don José de Armendariz, la sociedad limeña saboreó con mucho gusto la exótica bebida de moda, y unos años después, en 1727, los cultivos del café se iniciaron en Brasil (principal productor mundial). En 1732, Colombia también comienza a vivir de la semilla predilecta.

Así, la tradición del ‘cafecito’ acompañó el desarrollo de las sociedades en el mundo y los Cafés han sido mudos observadores de muchos acontecimientos de la historia: en innumerables ocasiones la literatura, el arte, la política e incluso la ciencia de los últimos siglos han nacido alrededor de una taza de café. Y aunque las formas de escribir, pensar o simplemente de hacer tertulia cambiaron desde la Segunda Guerra Mundial, aún hoy se conservan en Europa locales en los que, en otro tiempo, tomar un café era tan importante como lo es hoy estar conectado a Internet.

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de Paola Iporre Kalteis Publicado en General

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